lunes, 21 de enero de 2013

Chocolate ♡


¿Hasta qué punto podría llegar lo llamado “estupidez humana”? Y más que eso, ¿hasta qué punto podría llegar mi propia estupidez? Un millón de años –hiperbólicamente hablando- me costó comentarle los sentimientos que mi corazón mantenía guardados hace mucho tiempo. ¿Cómo podría abrir mi corazón si no poseía la llave? Cursi sonaba dicho dilema, pero así era como lo veía, y más, como yo mismo lo sentía.
Cada día, desde que le vi, parecía un completo estúpido y para nada discreto. Si bebía de mi botella de agua, y le veía, a los minutos tenía toda la camisa y pantalones mojados. Risas, regaños y burlas por parte de mis amigos recibía con bastante frecuencia, pero, ¿para qué ofenderme? Eran con bastante aprecio, o así mismo yo lo veía venir. Después de todo, le viera o no, mi torpeza de nacimiento era algo que me iba a acompañar hasta mi sepulcro, si es que no era ese el motivo por el que fuese a morir alguna vez, y conste, nunca podría descartar mera posibilidad.

Su sonrisa llenaba mi mundo, y esta vez no estaba siendo un exagerado. Muchas veces, antes de apagar la lámpara de la mesa de noche, o simplemente al abrir mis ojos, el corazón se me presionaba, pero no por tristeza, sino de la más hermosa felicidad. A veces ni me podía creer que le tenía a mi lado. Con el pensamiento ya era todo para mí. Pero, seguía odiándome a mí mismo por ser un completo idiota; por poseer la estupidez humana que a muchos por suerte no les recaía.


Eran catorce días ya. Catorce días desde que pude comentarle lo que sentía después de haberme acercado con paso lento a lo que era su círculo social, y más sorpresa me llevé el día que, incluso sin querer, se me disparó de los labios lo que sentía por él. ¿Cómo querían que lo contuviera tanto tiempo? No podía quitármelo de la cabeza. Incluso, si me hubiese rechazado, el alivio estaría con un corazón roto, pero no por su culpa, sino mía, por las infinitas ilusiones que hice sin su propio consentimiento. Para mi suerte –que, podría jurar, se hacía presente por primera vez en la historia de mi vida- él no me rechazó. Recuerdo con bastante felicidad que su abrazo para mí supo un millón de “yo también te quiero”. ¿Perfección, no es así? Pero en tantas nubes pude haber estado, tanto pánico debí sentir desde lo más profundo que eran mis traumas infantiles que no pude besarle ese día, ni tampoco el siguiente, ¡incluso ahora! Ya a dos semanas de aquel dichoso momento en mi vida. Con situaciones así no es de extrañarse el pensar que la vida nos odia a uno y a cada uno de los seres que habitamos este universo, teniendo también en cuenta que a algunos más que a otros, pero si de algo no dudaba, es que yo era el favorito de las fuerzas extrañas para recaer la desdicha.
No sé qué es lo que TaeMin pensará de mí, pero cada vez que busco besarle algo ocurre. Le llaman, me llaman, o mágicamente un perrito se accidenta delante de nosotros, y claro, todo el mundo forma el escándalo del año. Podría creer que está bien, pero en la cabeza de una persona normal hay tantas interrogantes que responder.


Así de triste es mi realidad, y así es mi vida, la vida de Lee JinKi.

-.-.-

-Cariño, ¿gustas de ir a ver una película hoy? Tengo las entradas y todo, solamente me falta tu aprobación, aunque claro, si me dices que no habré gastado mi dinero sin razón aparente. Sin presión, ¿vienes? –Conversaba con tono gracioso, como me era costumbre hacerlo. Podría hacer hasta lo más estúpido por escuchar su risa. Tan melódica y dulce.

-Sin presión de que si te digo que no habrás perdido el dinero, acepto tu agradable invitación, pero claro, tú compras los dulces. –Y su tono infantil al hablar me estremecía, incluso al estar por el otro lado de la línea.

-De eso ni discutir. ¿Te veo donde siempre, no es así? –Y mi insistencia se hacía notoria como siempre. ¿Cómo era capaz de dejarme el corazón en la garganta?

-Claro. Nos vemos. Espérame si llego tarde. –Y con una suave risita se cortó la llamada. No podía sentirme más realizado. ¡Era el momento perfecto!


Me daba fuerzas sobrenaturales, incluso había comenzado a creer en trivialidades de las que las personas con frecuencia hablaban: “buena suerte”. Algunos amuletos pude obtener, pero para ese día necesitaba mucho más que apoyo moral. Si lo desperdiciaba, ¿qué ocurriría? Si él se molestaba estaba en toda su razón. Por lo general, solía ser un perdedor completo, y el estar con él había cambiado tanto, pero afuera existían muchas más personas deseosas de esos labios con apariencia tan acaramelada. Perdía demasiado tiempo, y de seguro él comenzaba a creer haber malinterpretado mis intenciones aquel día, porque, ¿de qué sirve alguien con quien te hayas declarado y que no era capaz de besarte? Parecía simplemente una amistad, como cualquier amistad que todos tenemos el derecho de tener, pero era diferente, yo lo adoraba y siempre me había gustado; solamente quería ser más abierto y decirle que para mí, es todo en el mundo.

Entre pensamientos e ilusiones, traté de ponerme lo más guapo que podía, con la intensión de ir al lugar que ambos frecuentábamos al encontrarnos. Salí a paso firme de mi hogar, con un millón de esperanzas no solo en el corazón, sino en todo mi ser.
A lo lejos pude divisarle, y hermoso como siempre estaba. Me acerqué a saludarlo con efusividad, abrazándole con mucha fuerza, anhelando un beso que aún no me sentía en condiciones de dar, un beso que había dejado rotas esperanzas también en él. A veces existían personas realmente transparentes y TaeMinnie era una de ellas.
Tomé entonces su mano con suavidad, presionándola con mucho esmero, como si en el fondo de todo buscase fusionarla con la mía. Entramos a la sala que nos indicaron, tomando asiento en donde a mi acompañante se le había antojado. Claramente antes de eso habíamos comprado las infaltables palomitas de maíz, algunos dulces y refrescos. Si algo no podía negar en dicha ocasión, es que los nervios me mantenían en otra dimensión. No era una opción, ¡debía hacerlo ese día! Y eso no parecía relajarme en nada, no hasta que mi compañero notó mi tensión y acarició con su pulgar la mano que me sostenía. Entonces sonreí y mi corazón suspiró de alivio. Fijé mi vista a la gran pantalla notando que la película llevaba algunos minutos de comenzada.
Difícil era concentrarme. Su rostro se notaba hermoso como siempre con los débiles destellos de luz que la gran pantalla nos entregaba. Se veía concentrado, totalmente sumergido en el mundo ficticio que el lugar nos entregaba. Tragué saliva, dándome los ánimos que necesitaba, y le hablé…

-TaeMin… -Murmuré con suavidad, pero una persona que se encontraba delante de nosotros me hizo callar, regalándome, a parte, un rostro de gran molestia. Bufé internamente, ¿qué se creía? –TaeMin… -Volví a hablar, pero el chico no me tomaba atención alguna. Me acerqué por cuenta propia lo suficiente, tal vez queriendo sorprenderlo, pero como esperado de mí, hice que se cayera el envase con más de la mitad del refresco al suelo, y fue cuando él me miró.

-Dios, Onew, ¿qué has hecho? –Preguntó, aunque claramente sabía lo que había acabado de pasar. Suspiré y me contuve respuesta alguna. No parecía importar de igual modo, porque él se había sumergido en la película.


Me di por vencido. Había pensado que podría ser una situación perfecta para mi plan. Seguramente era la situación perfecta para mi plan, pero por tan solamente ser yo, no estaba buen encaminado.

La película finalizó, y mi compañero se veía muy emocionado. Salimos por la entrada principal, y él no dejaba de conversarme de escenas que habían llamado mucho su atención, inclusive haciendo los movimientos que los actores habían efectuados con sus brazos sin quitar la sonrisa de su rostro. Por lo menos, pensé, le había hecho pasar un grato momento y me animaba solamente un poco.

-Onew, ¿estás oyéndome? –El chiquillo movía su mano derecha por encima de mi rostro. Solamente atiné a sacudir mi cabeza y asentir, cosa que no le convenció en lo absoluto. –Tú a mí no me engañas, ¿qué te ha estado pasando? –Consultó y yo no sabía que responder. De lo mejor podría ser sincero y decirle: “Te he intentado besar, pero tengo bastante mala suerte, TaeMinnie”. No era tan valiente para decirlo.

-No pasa nada. –Dije con una dulce sonrisa en mi rostro, pero pareció no convencer a mi compañero, porque me miró con reproche del que nadie pasaría por alto.
Ahora, ¿qué hacía? Su rostro demandaba una explicación, y yo seguía siendo el mismo cobarde de siempre. Tenía temor de perderlo y quedarme solo. ¡Era mío! Y yo no lo aprovechaba para nada.
Me di un poco de valor, pero no fue el suficiente y comencé a tartamudear como un estúpido, el estúpido que nunca había dejado de ser. Juraba que de mis labios salían palabras, pero él me miraba con extrañeza, solo hasta que sonrió de un repente y en mis labios sentí una dichosa calidez jamás sentida. El sabor más dulce comenzaba a adentrarse en mi boca con cada pequeño hilo de aire que entraba por ella, y comprendí todo, me estaba besando; él hacía lo que yo no había sido capaz de hacer. Entonces sonreí y le abracé con cuidado por su cintura, mientras sentí curvar su beso: una sonrisa también se hacía presente en sus labios y no podría estar más contento. A los pocos segundos, se separó con suavidad y me miró a los ojos con un brillo especial que yo jamás había visto en alguien más. Podía reflejarme en sus ojos sin esfuerzo alguno. Se me saldría el corazón.

-Sabes a chocolate. –Dije sonriendo de oreja a oreja, mirándolo con cariño, o amor tal vez. Un suave golpe sentí en mi pecho en conjunto a una hermosa risita.

-Cortesía de tus dulces. –Me comentó, sin cambiar la expresión de su rostro.

-Te quiero, TaeMinnie. –Susurré una vez antes de atreverme a besar sus labios por mi propia cuenta, y nuevamente no sentí necesidad de escuchar la respuesta a aquello, como el día en que le dije lo que sentía, porque sus acciones, su lenguaje corporal, para mí valía mucho más que vacías palabras que el tiempo no tardaría en esfumar.



Soy un completo estúpido. El mundo siempre estará lleno de estúpidos, pero al menos yo soy uno muy feliz

jueves, 8 de noviembre de 2012

Rainy Day


Y el día finalmente había llegado.

Hace algunas semanas teníamos con TaeMin un pequeño paseo programado. A pesar de que por lo general en los días de libertad solíamos ir a caminar tomados de la mano, conversando sobre cualquier trivialidad en la vida, ya que, estamos sí, juntos siempre, pero no significa que sepamos todo del todo en el momento justo. Siempre supimos que debíamos llevar las cosas bien, y era el momento en que nos exponíamos nuestras inquietudes. Cada uno, hacía ver la vida del otro hasta más bella de lo que era en compañía.

«¡Hyung!» Una voz fue la responsable que me exaltara desde mi más profundo sueño, que estaba mezclado con un poco de reflexión. Aún no constaba con ganas de levantarme, así que me di la vuelta sin responder a mi emisor. «¡Hyung, no seas dormilón!» Insistió aquella dulce voz, que a los segundos reconocí: Era TaeMinnie; pero aunque mi corazón saltaba de alegría (como cada mañana, y cada segundo de mi vida) sinceramente estaba agotado, no deseaba despertar. «Bien, creo que tú lo quieres de ese modo.» Murmuró dicha voz, que cada vez se volvía más cercana a mí. En cosa de instantes, ya la suave calidez de sus labios estaba sobre los míos. Claramente, sin poder más, correspondí a su beso. En una de esas, mis labios actuaban por impulso al reconocido calor que se sentía hasta en lo más recóndito del corazón. «¡Há! Estás despierto. Sino te levantas me molestaré.» El calor que sentía hace segundos fue bruscamente interrumpido. Abrí los ojos tan desapacible como dicha acción, un poco pasmado de aquello.
«¡Oye!» Repliqué, infantilmente «¡Yo quería seguir besándote, así que ven acá.» Sus risas inundaron la habitación, seguida de las mías, mientras besaba cada lugar de su rostro. Sinceramente no quedó ninguno sin haber sido rozado por mis labios.
«Conozco perfectamente el modo en que despertaste, JinKi» Y se ponía así, como él comprendía, podía manejarme.
«¡Lo admito! Pero es que sabes que quedo con gusto a poco y necesito más.» Confesé con mayor naturalidad, dibujando un puchero con mis labios. Amaba jugar con él.
«¡Gánatelo!» Me desafió, alejándose de la cama para mirar por la ventana, no antes abriendo las cortinas que impedían entrara mucha luz al lugar.
En sus expresiones, la emoción que irradiaba de su jubiloso rostro se transformó en decepción. ¿Qué habría ocurrido? Nada más atiné a levantarme y acercarme a él, tomándole de sus hombros por atrás.
Miré aquel vidrio que estaba lleno de cristalinas gotas de lluvia pegadas a él, dándose a notar un cielo totalmente gris. TaeMinnie se alejó de mí sólo para darme la vista al rostro, suspirando desganado. «Yo quería que hoy fuésemos a pasear, como lo teníamos planeado...» Masculló, finalizando con un suave suspiro. Formé una mueca con mis labios y me acerqué los pasos que nos alejaban para abrazarlo con mucha fuerza. No pasó demasiado para que él se aferrara a mí, como yo me aferraba a él. «Lo sé, yo también quería ir, pero con estas condiciones ni ir a comprar podremos...» Hablé con un poco de dolor en mis palabras. Sabía lo emocionado que mi amado se encontraba hace semanas por ir a ese lugar, pero tampoco querría exponer su delicada salud por un panorama.
Pensé, y de un repente él tomó mi mano llevándome hacia el armario. Sacó las primeras ropas que encontró, mías, claramente, y me las dejó sobre mis brazos. Le miré con rostro confuso, y simplemente dijo «Vístete, iremos igual.» Podría jurar que ordenó, pero no alcancé ni a replicar, ya que él corría hacia el baño para cambiarse por su parte.
Si él quería ir, pocas ganas tenía yo de llevarle la contraria, así que hice caso, estando completamente listo al cabo de unos minutos.
Cuando volví a verlo, él se encontraba listo igual, y mantenía un paraguas en su mano. Me sonrió al notar que había obedecido; tal vez de su caprichosa orden, pero lo había hecho. Se aproximó finalmente, y luego de haber besado mis labios, indicó que debíamos irnos.
Quise llevarlo en mi automóvil, pero se negó. Abrió su barrera contra el agua y se acercó a mí lo más que pudo para brindarme su protección. No podía negarlo, era hermoso como se comportaba en situaciones ya dichas.
Tomé una de sus manos y le ingresé con la mía a un bolsillo para que no se entumiera. Debía velar por su salud si había aceptado a llevarlo con una torrencial lluvia.

A los minutos de una dulce y agradable caminata, llegamos al parque en que habíamos planeado tener un hermoso día de campo. Me aproximé a la pileta del lugar, y miré como el agua bailaba frente a las gotas de lluvias que caían ahí.
«Me gusta mucho más este lugar así...» Murmuró, mirando lo desolado del territorio, llenando su vista con el verde natural que resaltaba de las hierbas y árboles mojados. El aroma húmedo no molestaba mi olfato, ya que se mezclaba con el particular aroma que emanaba de la esencia de mi amado novio. Era, sin duda, el perfume más excepcional.
Le miré, ya que se encontraba demasiado callado, y nada más se encontraba tal vez perdido entre sus pensamientos, pero al inspeccionarlo bien, me percaté que tiritaba, ¿y cómo no? Estaba demasiado helado.
Me acerqué lo más que pude, y lo estreché contra mis brazos, acurrucándolo lo más que podía, aprovechando de depositar a la vez un cálido beso sobre su coronilla, que mantenía sus castaños cabellos totalmente mojados con las réplicas de dichas gotas que ambos divisamos en el principio del día sobre el vidrio de nuestra habitación
«¿Por qué quisiste venir? Me muero si te llegas a enfermar...» Confesé, sintiéndome sinceramente preocupado por su bienestar. En respuesta a mi interrogante, a los segundos de ser emitida, sentí como por su propia cuenta él buscaba más calor contra mi cuerpo. Una voz tímida luego pronunció: «En este frío clima, con esta lluvia empapándonos, puedo sentir con más claridad ese calor que emana de ti... Se siente más nítido, más vivo y real, y es ese calor que me encanta, la prueba viva de lo que bombea tu corazón... amor para mí» Susurró, cada vez descendiendo el tono de su voz. Bajé mi mirada y pude observar una dulce sonrisa que se escondía en mi pecho. Sus pómulos lo delataban.
Me alejé nada más un poco, lo suficiente para mirarle, pero no tanto como para soltarlo y dejarlo libre. Su rostro mojado me sonreía, y sus rojas mejillas tonalizaban a la perfección con su nariz y el amoratado color que sus labios habían captado. Esbocé la más dulce de mis sonrisas, llenándome de ternura con esa escena suya, ¿y es que jamás dejaría de ser tan precioso?
Decidí querer llenarme de su calor, y previamente cerrando mis ojos lo besé con sutileza. Sus labios se sentían fríos, pero su aliento era cálido, y tanto como el mío. Sus gélidos labios habían iniciado a tomar calor de los míos, lo cual no impedía comenzar a llenar mi tibio corazón de las sensaciones más cálidas y hermosas del amor.


Mi amado tenía razón: Por más frío que el día resultara ser, valorizaba su calor natural; calor de su ser que bombeaba directamente desde el corazón: lugar exacto en donde nuestros sentimientos de amor nacían. Y a la misma vez me hizo entender un simple concepto: En los más desolados momentos, su calor me acompañaría, y podría hacerme ver que sólo tenerlo a mi lado volvería mi corazón a la vida, aliviando así, cualquier día malo, como los que muchas veces solía tener.


Todo lo hacía perfecto. Todas las enseñanzas que mi novio me hacía aprender se volvían un valioso recuerdo en el corazón,  y es que Lee TaeMin para mí es y siempre será lo más perfecto y valioso en el mundo entero. 

sábado, 10 de marzo de 2012

Fragancia (TaeMin's P.O.V)


H
abía sido una larga noche aquella vez. Nos habíamos amado hasta que sentí tímidos rayos de sol entrar a través de la gruesa cortina de esa habitación.

“Dormiré” Escuché que mi novio musitó mientras yo estaba perdido entre el cielo de la habitación y mis pensamientos.

“Te sigo en un momento” Le respondí y apenas pasaron los segundos esos suaves labios se posaban en mi mejilla derecha originando un dulce beso; un dulce y suave beso.

Ese día mi sueño se había extinguido y las ganas de dormir eran nulas. Exhalé aire que tenía contenido en mi pecho por un momento y miré mis brazos que reposaban sobre el cobertor que limitaba la desnudez que poseían nuestros cuerpos. Estos estaban mojados, una gota de sudor se había asomado por cada uno de los poros de ese lugar y luego de perderme en mis pensamientos pude percibir que nuestro paradero emanaba un exótico aroma.

Siendo sincero no comprendía por qué era de ese modo, ya que para mí era costumbre quedarme a pensar cada noche luego de intimar, pero lo diferente es que ese día comprendí mi gran interrogante.

Ese aroma penetró en lo más hondo de mi cuerpo, de seguro lo hacía por cada una de las vías que se le permitiesen y me llené de paz. No era de esa paz que todos conocemos, en la cual nos sentimos plenos y tranquilos, no era de esa. Yo pude apreciar como cada uno de mis sentidos se activaba, pero de una forma bastante peculiar; mi mente comenzó a volar y un torrente de recuerdos se vinieron a mi mente. Pude disfrutar ese delicioso éxtasis que duró no más unos minutos hasta cuando volví en sí a mi realidad. Abrí mis ojos y los rayos de sol habían logrado adentrarse más en nuestros aposentos, y una sensación cálida me invadió.

Sin más, miré al rostro de mi amado que estaba sumido en un profundo sueño a mi lado. Aquella expresión tan dulce y pacífica me llenó de alegría y mi corazón comenzó a latir fuertemente como hace tiempo no lo hacía, tan sólo me recordó a mi primer beso; la primera vez que mis labios buscaron la calidad en unos contrarios y sí, fue sobre los labios de mi amado Lee JinKi.

Me dediqué sin más a acariciar esos diminutos cabellos que se asomaban al hermoso rostro de mi amado, sintiendo como un simple pensamiento irrumpía mi mente…



Ese aroma, sencillamente emanaba amor.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Una vez más


Sentí que estaba llorando entre mis sueños… una vez más.
Me llenaba de tristeza el hecho que estuviéramos tan separados. Nunca antes había sido de ese modo, pero aunque lo odiara así era.
Muchas veces entre sueños llegaban a mi mente un montón de imágenes no tan sólo producto de mi imaginación, si no más que nada recuerdos que se acumulaban en mi mente sin querer ser desechados.
¿Cómo querer olvidarlos? Si cuando tenía alrededor de 12 años lo conocí. Siempre fue bastante atento conmigo, pero era pequeño y no sabía de esas cosas del amor y nada más pensaba que era un amigo al cual apreciaba bastante, no más que eso. Muchas veces aquella sonrisa era capaz de alejar mis más grandes temores y qué decir de cada vez que sentía su abrazo… mi cuerpo siempre se ha debilitado ante su tacto, se sentía tan cálido y acogedor que… no lo soltaría jamás.
Al recordar tantas cosas hermosas en ese momento sentí lágrimas salir de mis ojos entre dolorosos sollozos, pero calmó eso momentáneamente una mano suave acariciaba de mis cabellos y yo me dejé sentir, necesitaba apoyo, y también me di cuenta que no estaba soñando, si no llorando… una vez más.

“Así que llorando de nuevo, bebé’’ Era claramente la voz de Key hyung auxiliando de mi sufrimiento una vez más. “Osh, deja a JinKi en paz’’ Dijo con un suspiro mientras buscaba la forma de mirarme con su ceño fruncido, pero luego sonrió; yo también le sonreí.
Sabes perfectamente que desde que acabamos me siento así… -Le dije resignado, con intensiones de llorar una vez más.
Lo ves a cada momento ¿Por qué no le hablas? Si no te has dado cuenta él sí quiere hacerlo –Dijo seguro. Claramente era cierto, pero algo en mí no me dejaba y terminaba ignorándole cuando apenas le veía. Suspiré resignado. –Vamos, no es tan malo, quizá JinKi no es un tonto, y tal vez tú ya has madurado lo suficiente como para afrontar esas adversidades que atacaban a la bonita relación que tenían.

Si aunque no quisiera creerlo, todo lo que mi hyung decía era cierto y a pesar de eso me limitaba a llorar y llorar sin nada más.

Okay hyung. Me dejaré hablar por Onew hyung –Sentencié algo vencido aunque yo mismo me sentía triunfante; había sido una difícil decisión.
Bien, entonces… -En ese momento mi hyung me quitó las sábanas y con fuerza me echó de la cama levantándome para empujarme fuera de la puerta donde choqué por sorpresa con el dueño de mis llantos y mi amor.

Miré hacia atrás y Key cerraba la puerta y me decía con sus labios “Suerte”. Apenas volteé sonrojado, Onew miraba con reproche a JongHyun que por su parte cerraba la otra; de seguro habían planeado todo esto.

H-Hola, TaeMin –La voz temblorosa del mayor me sacó del trance y lo miré. El tenía la mirada perdida a cualquier lugar, pero menos a mí y pude suponer que estaba nervioso. Lo conocía.
Hola hyung –Por mi parte le contesté tímidamente mientras jugaba con mis manos.
¿Quieres hablar, no? –En ese momento finalmente me miró y lo miré. Nuestros ojos dieron contacto fijo y sentí como todo volvía a mí. Me llené de paz y angustia a la vez, era extraño… era imposible no perderme en aquellos ojos que tanto amaba.
Sí –Dije decidido, pero no firme.

Su mano tomó de mi muñeca y mis mejillas tomaron el color más rojo que pudiera existir, mientras notaba que por su parte era recíproco.
Me llevó hacia la cocina en donde me soltó y comenzó a calentar una leche a la vez que se preparaba un té.

Espérame en la mesa –Ordenó de forma gentil concentrado en lo que hacía, y yo afirmé para luego tomar asiento en dicho lugar.

Pasó un momento y lo vi llegar con dos tazones. Se veía bastante inseguro y podría jurar que se le iban a caer.

¡Hyung! –Exclamé, pero luego con un suspiro de alivio, mi amado dejó ambos tazones en la mesa para finalmente ir en busca del pan. Había hecho tostadas.
Espero todo haya quedado bien, ¿está la leche a una buena temperatura? –Me preguntó una vez que trajo los panes y los dejaba encima de la mesa, con cierta mirada desinteresada. Me perdí en él sin duda. A los segundos vi como tomaba su tazón, y luego de imitar su acción y probar de mi leche.

S-S… -Iba a responder cuando oí la exclamación de dolor por parte del mayor. De seguro el nerviosismo había hecho sus manos temblar y se derramó el té que bebía sobre sí.
Me apresuré y fui en busca de un paño a la cocina. Apenas quise comenzar a secarlo intentó quitármelo, pero no le hice caso y seguí limpiando y soplando de su ropa; de seguro se había quemado fuerte y noté su sorpresa. Repentinamente me miró a lo ojos; quise quitarle la mirada pero era inútil, él la sostuvo.
Mis piernas comenzaban a tiritar, un torrente de emociones se apoderaba de mi delicado cuerpo en cuanto escuché una frase salir de sus labios.

“Aún te amo”
A pesar que mis ojos se llenaron de lágrimas, noté el nerviosismo que este tenía y lo abracé son más. Aquellos fuertes brazos aferraban mi cuerpo al suyo y en cuanto me sentí tranquilo comencé a decirle una y otra vez “Te amo JinKi, TE AMO”.
Aún nos amábamos….

Tal vez ambos fuimos unos tontos. Quizá desperdiciamos valioso tiempo de relación, pero estábamos ahí, fundiéndonos en un beso del más puro amor.

Estábamos juntos y vivíamos nuestra plena felicidad una vez más.