
Aquella habitación era un tanto especial para él; su rasgo característico era aquella silla de madera que tenía un gran respaldo posada frente de aquel ventanal.
Era una fría tarde de enero, el cielo no estaba celeste como lo es de costumbre. Las nubes tenían poblado todo aquel basto infinito espacio. De vez en cuando dejaban escapar ligeros rayos entre ellas, lo que daba a pensar que había un sol radiante tras la cortina gris.
Tal vez no todos podían darse cuenta de ello, pero el sí; adoraba contemplar ese cielo.
Pasaron los minutos y comenzaron a caer gotas de lluvia, las cuales chocaban contra el vidrio semi invisible que lo separaba del aire fresco.
No evitaba suspirar; realmente anhelaba ese cielo más que cualquier cosa en el mundo, aunque sabía que era de él.
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Tiene un novio, con el cual comparte el gusto por ese lugar.
Momentos extremos de ternura, y un dulce abrazo rodeando su cintura le dijo “Taeminnie es tuyo, te lo regalo”. La sonrisa del muchacho no podía ser más amplia, y solo atinó a besar cada lugar de su rostro, con besos de dos segundos, hasta el momento en que sus ojos se encontraron, sus labios se vieron uno frente al otro, y no falto mucho para que alguno concretara el beso, haciendo que aquel lugar hormigueante ante el contacto, hiciera ese momento más especial.
“Te amo Jinki, siempre supe que me pertenecía”
“Hoy y siempre”. Dando paso a besarlo una vez más, de forma más duradera.
~*~
Estaba mirando aquel cielo que era solo suyo, también deseando tener la mano de su novio para cogerla, ya que hacía mucho frío y tendía a helarse con facilidad.
Estaba solo, así que repentinamente quitó la vista de su cielo, para dar con una tarjeta que estaba justo en la mesa de al lado.
“No olvides que el cielo es tuyo, es nuestro; le pertenece a nuestro amor. Volveré en dos meses. Te Amo”
Tres semanas daban de su partida, sólo le restaba un mes y una semana anhelando su cielo, anhelando a su amor.
