Y el día finalmente había llegado.
Hace algunas semanas
teníamos con TaeMin un pequeño paseo programado. A pesar de que por lo general
en los días de libertad solíamos ir a caminar tomados de la mano, conversando
sobre cualquier trivialidad en la vida, ya que, estamos sí, juntos siempre, pero
no significa que sepamos todo del todo en el momento justo. Siempre supimos que
debíamos llevar las cosas bien, y era el momento en que nos exponíamos nuestras
inquietudes. Cada uno, hacía ver la vida del otro hasta más bella de lo que era
en compañía.
«¡Hyung!» Una voz
fue la responsable que me exaltara desde mi más profundo sueño, que estaba mezclado
con un poco de reflexión. Aún no constaba con ganas de levantarme, así que me
di la vuelta sin responder a mi emisor. «¡Hyung, no seas dormilón!» Insistió
aquella dulce voz, que a los segundos reconocí: Era TaeMinnie; pero aunque mi
corazón saltaba de alegría (como cada mañana, y cada segundo de mi vida)
sinceramente estaba agotado, no deseaba despertar. «Bien, creo que tú lo
quieres de ese modo.» Murmuró dicha voz, que cada vez se volvía más cercana a
mí. En cosa de instantes, ya la suave calidez de sus labios estaba sobre los
míos. Claramente, sin poder más, correspondí a su beso. En una de esas, mis
labios actuaban por impulso al reconocido calor que se sentía hasta en lo más recóndito
del corazón. «¡Há! Estás despierto. Sino te levantas me molestaré.» El calor
que sentía hace segundos fue bruscamente interrumpido. Abrí los ojos tan desapacible
como dicha acción, un poco pasmado de aquello.
«¡Oye!» Repliqué,
infantilmente «¡Yo quería seguir besándote, así que ven acá.» Sus risas
inundaron la habitación, seguida de las mías, mientras besaba cada lugar de su
rostro. Sinceramente no quedó ninguno sin haber sido rozado por mis labios.
«Conozco perfectamente
el modo en que despertaste, JinKi» Y se ponía así, como él comprendía, podía
manejarme.
«¡Lo admito! Pero es
que sabes que quedo con gusto a poco y necesito más.» Confesé con mayor
naturalidad, dibujando un puchero con mis labios. Amaba jugar con él.
«¡Gánatelo!» Me
desafió, alejándose de la cama para mirar por la ventana, no antes abriendo las
cortinas que impedían entrara mucha luz al lugar.
En sus expresiones, la emoción que irradiaba de su jubiloso rostro se transformó en decepción. ¿Qué habría ocurrido? Nada más atiné a levantarme y acercarme a él, tomándole de sus hombros por atrás.
Miré aquel vidrio que estaba lleno de cristalinas gotas de lluvia pegadas a él, dándose a notar un cielo totalmente gris. TaeMinnie se alejó de mí sólo para darme la vista al rostro, suspirando desganado. «Yo quería que hoy fuésemos a pasear, como lo teníamos planeado...» Masculló, finalizando con un suave suspiro. Formé una mueca con mis labios y me acerqué los pasos que nos alejaban para abrazarlo con mucha fuerza. No pasó demasiado para que él se aferrara a mí, como yo me aferraba a él. «Lo sé, yo también quería ir, pero con estas condiciones ni ir a comprar podremos...» Hablé con un poco de dolor en mis palabras. Sabía lo emocionado que mi amado se encontraba hace semanas por ir a ese lugar, pero tampoco querría exponer su delicada salud por un panorama.
Pensé, y de un repente él tomó mi mano llevándome hacia el armario. Sacó las primeras ropas que encontró, mías, claramente, y me las dejó sobre mis brazos. Le miré con rostro confuso, y simplemente dijo «Vístete, iremos igual.» Podría jurar que ordenó, pero no alcancé ni a replicar, ya que él corría hacia el baño para cambiarse por su parte.
Si él quería ir, pocas ganas tenía yo de llevarle la contraria, así que hice caso, estando completamente listo al cabo de unos minutos.
En sus expresiones, la emoción que irradiaba de su jubiloso rostro se transformó en decepción. ¿Qué habría ocurrido? Nada más atiné a levantarme y acercarme a él, tomándole de sus hombros por atrás.
Miré aquel vidrio que estaba lleno de cristalinas gotas de lluvia pegadas a él, dándose a notar un cielo totalmente gris. TaeMinnie se alejó de mí sólo para darme la vista al rostro, suspirando desganado. «Yo quería que hoy fuésemos a pasear, como lo teníamos planeado...» Masculló, finalizando con un suave suspiro. Formé una mueca con mis labios y me acerqué los pasos que nos alejaban para abrazarlo con mucha fuerza. No pasó demasiado para que él se aferrara a mí, como yo me aferraba a él. «Lo sé, yo también quería ir, pero con estas condiciones ni ir a comprar podremos...» Hablé con un poco de dolor en mis palabras. Sabía lo emocionado que mi amado se encontraba hace semanas por ir a ese lugar, pero tampoco querría exponer su delicada salud por un panorama.
Pensé, y de un repente él tomó mi mano llevándome hacia el armario. Sacó las primeras ropas que encontró, mías, claramente, y me las dejó sobre mis brazos. Le miré con rostro confuso, y simplemente dijo «Vístete, iremos igual.» Podría jurar que ordenó, pero no alcancé ni a replicar, ya que él corría hacia el baño para cambiarse por su parte.
Si él quería ir, pocas ganas tenía yo de llevarle la contraria, así que hice caso, estando completamente listo al cabo de unos minutos.
Cuando volví a
verlo, él se encontraba listo igual, y mantenía un paraguas en su mano. Me
sonrió al notar que había obedecido; tal vez de su caprichosa orden, pero lo
había hecho. Se aproximó finalmente, y luego de haber besado mis labios, indicó
que debíamos irnos.
Quise llevarlo en mi
automóvil, pero se negó. Abrió su barrera contra el agua y se acercó a mí lo
más que pudo para brindarme su protección. No podía negarlo, era hermoso como
se comportaba en situaciones ya dichas.
Tomé una de sus manos y le ingresé con la mía a un bolsillo para que no se entumiera. Debía velar por su salud si había aceptado a llevarlo con una torrencial lluvia.
Tomé una de sus manos y le ingresé con la mía a un bolsillo para que no se entumiera. Debía velar por su salud si había aceptado a llevarlo con una torrencial lluvia.
A los minutos de una
dulce y agradable caminata, llegamos al parque en que habíamos planeado tener
un hermoso día de campo. Me aproximé a la pileta del lugar, y miré como el agua
bailaba frente a las gotas de lluvias que caían ahí.
«Me gusta mucho más
este lugar así...» Murmuró, mirando lo desolado del territorio, llenando su vista
con el verde natural que resaltaba de las hierbas y árboles mojados. El aroma
húmedo no molestaba mi olfato, ya que se mezclaba con el particular aroma que
emanaba de la esencia de mi amado novio. Era, sin duda, el perfume más
excepcional.
Le miré, ya que se
encontraba demasiado callado, y nada más se encontraba tal vez perdido entre
sus pensamientos, pero al inspeccionarlo bien, me percaté que tiritaba, ¿y cómo
no? Estaba demasiado helado.
Me acerqué lo más que pude, y lo estreché contra mis brazos, acurrucándolo lo más que podía, aprovechando de depositar a la vez un cálido beso sobre su coronilla, que mantenía sus castaños cabellos totalmente mojados con las réplicas de dichas gotas que ambos divisamos en el principio del día sobre el vidrio de nuestra habitación
Me acerqué lo más que pude, y lo estreché contra mis brazos, acurrucándolo lo más que podía, aprovechando de depositar a la vez un cálido beso sobre su coronilla, que mantenía sus castaños cabellos totalmente mojados con las réplicas de dichas gotas que ambos divisamos en el principio del día sobre el vidrio de nuestra habitación
«¿Por qué quisiste
venir? Me muero si te llegas a enfermar...» Confesé, sintiéndome sinceramente
preocupado por su bienestar. En respuesta a mi interrogante, a los segundos de
ser emitida, sentí como por su propia cuenta él buscaba más calor contra mi
cuerpo. Una voz tímida luego pronunció: «En este frío clima, con esta lluvia
empapándonos, puedo sentir con más claridad ese calor que emana de ti... Se
siente más nítido, más vivo y real, y es ese calor que me encanta, la prueba
viva de lo que bombea tu corazón... amor para mí» Susurró, cada vez descendiendo
el tono de su voz. Bajé mi mirada y pude observar una dulce sonrisa que se
escondía en mi pecho. Sus pómulos lo delataban.
Me alejé nada más un
poco, lo suficiente para mirarle, pero no tanto como para soltarlo y dejarlo
libre. Su rostro mojado me sonreía, y sus rojas mejillas tonalizaban a la
perfección con su nariz y el amoratado color que sus labios habían captado. Esbocé
la más dulce de mis sonrisas, llenándome de ternura con esa escena suya, ¿y es
que jamás dejaría de ser tan precioso?
Decidí querer llenarme de su calor, y previamente cerrando mis ojos lo besé con sutileza. Sus labios se sentían fríos, pero su aliento era cálido, y tanto como el mío. Sus gélidos labios habían iniciado a tomar calor de los míos, lo cual no impedía comenzar a llenar mi tibio corazón de las sensaciones más cálidas y hermosas del amor.
Decidí querer llenarme de su calor, y previamente cerrando mis ojos lo besé con sutileza. Sus labios se sentían fríos, pero su aliento era cálido, y tanto como el mío. Sus gélidos labios habían iniciado a tomar calor de los míos, lo cual no impedía comenzar a llenar mi tibio corazón de las sensaciones más cálidas y hermosas del amor.
Mi amado tenía razón: Por más
frío que el día resultara ser, valorizaba su calor natural; calor de su ser que
bombeaba directamente desde el corazón: lugar exacto en donde nuestros
sentimientos de amor nacían. Y a la misma vez me hizo entender un simple
concepto: En los más desolados momentos, su calor me acompañaría, y podría
hacerme ver que sólo tenerlo a mi lado volvería mi corazón a la vida, aliviando
así, cualquier día malo, como los que muchas veces solía tener.
Todo lo hacía perfecto. Todas las enseñanzas que mi novio me hacía aprender se volvían un valioso recuerdo en el corazón, y es que Lee TaeMin para mí es y siempre será lo más perfecto y valioso en el mundo entero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario