…Si ya me encontraste…
No dejes que me valla… jamás.
No dejes que me valla… jamás.
La calle está totalmente desolada, igual que ayer.
Los arboles están deshojados… igual que ayer…
Y es esta misma neblina que pasa a través de mis ojos, sin poder saber que me encontraré en unos metros.
Lo único que me anima a caminar por estos senderos, una y otra vez es la incertidumbre; esa cosa humana llamada ‘’esperanza’’.
Siempre dicen que algo marca la diferencia; aunque ya he pasado por aquí semana por semana, mes tras mes, es esa parte humana de mí que me ínsita a hacerlo, aunque en realidad creo que nada encontraré a este paso.
Tal vez sólo quiero salir de ese infierno que vivo todos los días… aunque sea bastante triste caminar por aquí; aunque derrame lágrimas cada 15 minutos, nada es peor que estar allá…
-Mira su reloj- 18:55
Creo que nuevamente nada encontré, aunque no busco nada… aunque... debo estar viendo visiones, ya estoy loco.
-¿Hola? -Es raro ver una sombra asomada en la neblina, es muy difícil saber de qué se trata-
¿Hola? –nadie me contesta… me acercaré.
Tal vez crean que es una tontería, es sumamente imposible, pero así ocurrió.
Vi a un chico más o menos de mi altura, parado frente a un árbol manzano, buscando cual era la mejor, de seguro para comerla.
Vi que cogió una, la tomo con ambas manos y la miró de forma especial. Inspeccionó cada rincón de ella, y sin pensarlo más le dio un mordisco.
-¿Hola?
-¡Ah! ¿Quién anda ahí?
-Nadie, ¿eres real?
-¿Qué si soy real? ¿A caso no me veo? –Se acercó a mí y se abrió de brazos para que pudiera apreciar que en verdad había una persona en aquel lugar-.
-Me es bastante extraño que alguien esté en estos lados… suelo caminar a menudo por aquí, y jamás te había visto.
-¿Es extraño para ti?, suelo hacer lo mismo, cada tarde de cada día… el verte a ti me es bastante extraño ¿sabes?
-Pues disculpa, tal vez soy un despistado.
- Como lo soy yo igual…
Me quedé mirándolo, después de terminar esa frase, volvió a dar su mirada en aquella manzana que tenía en sus manos, para darle un segundo mordisco. En eso me mira…
-¿Qué tanto miras?
-N-nada… -no evito sonrojarme-
El me mira perplejo, ¿Qué habrá pasado?
¡Ohh Dios! Posé mis manos sobre mi rostro, en realidad estaba caldeado, pero… ¿Por qué?
-Ehhh… -se acerca unos pasos a mí- Me llamo Jinki –proporciona su mano, de seguro quería un estrechón-
- Yo me llamo Taemin –le pasé mi mano, y efectivamente era eso lo que él quería-
No evité reflejar una sonrisa escondida en aquel rostro; creo que sonreír le hacía ver las facciones más lindas de las que era… ¡Realmente era una persona hermosa!. Tenía hermosos ojos, que eran bastante difícil de distinguir cuando sonreía; y una sonrisa exhibicionista.
-¿Me das? –Pregunté por mera curiosidad-
-¿Manzana? –Me miró con cara de no entender- pues toma…
La cogí en mis manos, la miré unos segundos, como si quisiera buscar algo especial en ella, y finalmente la mordí… lenta y minuciosamente.
-Está muy rica Jinki –se la devolví después de masticar cuidadosamente cada pedazo de ella-
-Lo está… me costó escogerla. Creo que soy bueno tomando decisiones, hasta ahora nada me ha traído problemas.
-Ojalá fuera yo así… pero soy sólo un niño.
-¿Un niño? ¿Qué edad tienes?
-Tengo 18 Jinki, ¿y tú?
-Pues yo 21 años…
-Eres mayor…
-Si…
Era Jinki mayor que yo, pero curiosamente no me importaba.
-Creo que es la primera vez que converso con un desconocido… -dice Jinki con un tono pensativo-
-Digo lo mismo…
-¿Sabes? Una vez me dijeron, que hoy sería un día especial, y espero eso… me dijeron que debería estar justo aquí…
-Yo creo que estoy aquí buscando algo que realmente desconozco.
-¿Desconoces tus propósitos?
-Es sólo intuición…
Comencé a sentir el ambiente un poco tenso, pero el… me incentivaba, realmente quería algo de él, pero… ¿Qué era?
-Jinki, ¿puedo abrazarte? –pregunté con la cabeza gacha, ni yo entendía el por qué dije eso-
-¿Abrazarme? –Me dijo con un tono de confusión-
-S-si…
-Mmm… -se acercó a mí y me tomó lenta y tímidamente entre sus brazos; la sensación que emanaba en mi cuerpo era extraña… sin darme cuenta posé mis brazos en su espalda y lo apretujé contra mí; Ojalá fuera eterno ese momento…
-Jinki, me encanta abrazarte –dije de forma melosa, acurrucando mi cabeza en su pecho-
-¿Lo dices en serio?
-Sí, ¿Por qué debería mentirte?
-No lo sé, es que… creo lo mismo… -aquella última frase, salió de sus labios baja y tranquilamente-
-Correspóndeme ahora.
-Con q…
No terminó la última palabra, que sería un “que’’ antes de que robara la posesión de sus labios, para besarlos… lenta y dulcemente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario